La fotosíntesis libera oxígeno en la atmósfera y en el
agua.
Por otro lado, al absorberlo del medio circundante, las plantas ayudan a fijar el CO2 en sus cuerpos, convertido en materia orgánica, liberando la atmósfera de su presencia. Este gas, que exhalamos al respirar, es potencialmente tóxico.
Por
eso, la disminución de la vida vegetal en el planeta incide en el aumento de
este gas en la atmósfera, donde actúa como un agente del calentamiento global, o
sea, como un gas de efecto invernadero, impidiendo que el exceso de calor se irradie hacia
afuera de la atmósfera. Se estima que cada año, los organismos fotosintéticos
fijan como sustancias orgánicas alrededor de 100.000 millones de toneladas de
carbono.

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